8m: buena lucha, sis.

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El 8 de marzo no es un día para felicitarnos ni para recibir flores muertas. No debería ser puro marketing y mensajes vacíos sobre “lo increíbles que somos”. Estamos hartas de escuchar cosas del estilo de “y sí, porque tengo una hermana y la quiero / porque todos nacimos de una mujer”… Si todes apreciaran haber nacido de una mujer y no hubiera femicidios y desigualdad por eso, viviríamos en un verdadero mundo feliz. 

El Día Internacional de la Mujer es, ante todo, un día de memoria y lucha. Es la conmemoración de todas las mujeres que alzaron la voz cuando hacerlo significaba perder el trabajo, la libertad o incluso la vida. De quienes exigieron votar, estudiar, decidir sobre su propio cuerpo, trabajar en condiciones dignas o simplemente existir fuera del molde impuesto por una sociedad patriarcal.

Aunque hemos avanzado, seguimos viviendo en un mundo donde nacer mujer continúa condicionando la seguridad, las oportunidades y la libertad. Mientras en algunos países debatimos sobre igualdad real, en otros todavía se niegan derechos mínimos: educación, autonomía económica, protección frente a la violencia o acceso a copitas menstruales.

El 8M nos recuerda que ningún derecho llegó como regalo. Todos fueron conquistados. “¿Por qué tenés que salir a hacer quilombo?” me dijeron una vez en Argentina (como si quedarte sentada, calladita, “sin hacer quilombo”, servicial y manejable, fuera mejor opción… y como si  los billonarios pedófilos que manejan el mundo no estuvieran haciendo el verdadero quilombo de raíz)… a lo que yo pregunté: “¿Qué ganamos con quedarnos acá sentadas? ¿Cuándo te dieron un derecho por quedarte callada en tu casa y no alzar la voz en las calles del Congreso?”.

El 8m también nos recuerda algo que durante generaciones intentaron enseñarnos a olvidar: la sororidad. Nos educaron para competir entre nosotras. Para desconfiar de si la otra le tiene ganas a tu pareja, de si va más linda que vos, de si te van a robar algo. Para creer que las mujeres somos “más difíciles”, “más conflictivas”, “más chismosas”, mientras se reforzaba la idea de que los hombres eran mejores compañeros (incluso hoy escucho mujeres decir “yo me llevo mejor con los hombres, que son más tranquilos”).. Esa narrativa nunca fue casual: dividirnos siempre fue la forma más fácil de debilitarnos.

Pero la realidad es otra. Cuando dejamos de competir y empezamos a apoyarnos ((cuando dejamos de putear a “la amante que me lo robó” y nos permitimos pensar en un “che, pero él se dejó robar y él metió los cuernos… no es todo culpa de la mujer”)), pasan cosas tremendas. Nos acompañamos, nos protegemos, nos abrimos camino. Juntas, somos mayoría.

El 8m es para recordar, creo yo, que aún queda camino y que recorrerlo solas nunca fue opción. Hoy honramos resistencia y comunidad. Honramos a todas las que dieron todo por proteger a la minoría mayor y decimos “buena lucha”; no “feliz día”.